{"id":5994,"date":"2025-11-07T14:23:51","date_gmt":"2025-11-07T14:23:51","guid":{"rendered":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/?p=5994"},"modified":"2025-11-07T14:23:52","modified_gmt":"2025-11-07T14:23:52","slug":"el-regalo-de-mi-vecina-por-camila-rivas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/?p=5994","title":{"rendered":"\u201cEl regalo de mi vecina\u201d \u2013 Por Camila Rivas"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"900\" height=\"900\" src=\"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/image-38.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-5995\" srcset=\"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/image-38.png 900w, https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/image-38-300x300.png 300w, https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/image-38-150x150.png 150w, https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/image-38-768x768.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>\u201cEl regalo de mi vecina\u201d \u2013 Por Camila Rivas<\/p>\n\n\n\n<p>Vivo en un barrio tranquilo desde hace m\u00e1s de cinco a\u00f1os. Un lugar donde todos se conocen, donde el sonido de los perros ladrando o los ni\u00f1os jugando es parte del paisaje cotidiano. Pero desde el verano pasado, todo cambi\u00f3. Y si hoy me atrevo a contar esto, no es para buscar consuelo, sino para advertir: no todo lo que se ofrece con una sonrisa es inofensivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi nombre es Camila, tengo 34 a\u00f1os y trabajo como dise\u00f1adora gr\u00e1fica desde casa. No soy muy sociable, pero siempre he sido cordial con los vecinos. Especialmente con do\u00f1a Matilde, una mujer mayor que viv\u00eda sola frente a mi casa. Siempre vestida de negro, con una mirada que pod\u00eda helarte si te deten\u00edas demasiado en sus ojos. Aun as\u00ed, era amable, y durante a\u00f1os no tuve m\u00e1s que saludos y breves charlas con ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo comenz\u00f3 un d\u00eda de calor sofocante. Estaba en mi jard\u00edn cuando Matilde se acerc\u00f3 con una peque\u00f1a caja envuelta en papel rojo opaco. Me dijo que hab\u00eda preparado algo para m\u00ed, un regalo, una especie de \u201cprotecci\u00f3n\u201d para la casa. Me pareci\u00f3 un gesto extra\u00f1o pero inocente, as\u00ed que lo acept\u00e9. No lo abr\u00ed de inmediato. Lo dej\u00e9 sobre la mesada de la cocina y continu\u00e9 con mi d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche, so\u00f1\u00e9 que estaba atrapada en mi propia casa. Las ventanas estaban tapiadas, las paredes rezumaban una sustancia oscura, y en el centro de la sala, la caja roja brillaba intensamente. Me despert\u00e9 sudando, con el coraz\u00f3n latiendo como si hubiese corrido una marat\u00f3n. Fui a la cocina, y ah\u00ed estaba: la caja, intacta. Pero ahora\u2026 parec\u00eda ligeramente m\u00e1s grande. \u00bfMe lo hab\u00eda imaginado?<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron los d\u00edas y los sue\u00f1os se hicieron recurrentes. Siempre aparec\u00eda la caja. Siempre hab\u00eda algo dentro que no pod\u00eda ver del todo, como si el interior se ocultara con una neblina oscura. Una madrugada, despu\u00e9s de otro de esos sue\u00f1os, despert\u00e9 con la caja abierta sobre la mesa, aunque juro que jam\u00e1s la toqu\u00e9. En su interior, solo hab\u00eda un peque\u00f1o objeto negro, como un trozo de carb\u00f3n, pero caliente al tacto. En cuanto lo toqu\u00e9, escuch\u00e9 un grito\u2026 dentro de mi cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, decid\u00ed devolverle la caja a Matilde. Cruc\u00e9 la calle con pasos firmes, tratando de no parecer alterada. Pero al tocar la puerta, nadie respondi\u00f3. Golpe\u00e9 varias veces. Nada. Fue entonces que el vecino de al lado me mir\u00f3 extra\u00f1ado y se acerc\u00f3. \u201c\u00bfEst\u00e1s buscando a Matilde? Ella falleci\u00f3 hace m\u00e1s de dos semanas\u201d, dijo como si fuese algo normal.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi cuerpo se qued\u00f3 paralizado. \u201cNo puede ser\u2026 ayer mismo me dio esto\u201d, balbuce\u00e9. \u00c9l me mir\u00f3 serio. \u201cCamila\u2026 su hija vino a limpiar la casa y dej\u00f3 algunas de sus cosas. Pero do\u00f1a Matilde est\u00e1 muerta. Muri\u00f3 el 3 de enero.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed a casa con las piernas temblorosas. \u00bfA qui\u00e9n le hab\u00eda abierto la puerta? \u00bfQui\u00e9n me entreg\u00f3 esa caja?<\/p>\n\n\n\n<p>Desde ese d\u00eda, el ambiente en casa se volvi\u00f3 irrespirable. Olores a podrido que surg\u00edan sin raz\u00f3n, sombras que se mov\u00edan en los rincones, y siempre, siempre, el maldito objeto negro apareciendo en distintos lugares. Lo tir\u00e9 al tacho de basura. Al d\u00eda siguiente estaba sobre mi cama. Lo enterr\u00e9 en el patio. Reapareci\u00f3 en la ducha. Comenc\u00e9 a escuchar voces que no pod\u00eda ubicar. Me hablaban. Susurraban mi nombre, como si esperaran algo de m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche, decid\u00ed quemarlo. Fui al fondo del jard\u00edn con una pala y una lata de alcohol. Lo arroj\u00e9 al fuego mientras rezaba, aunque no soy creyente. El fuego se torn\u00f3 azul por un instante, luego explot\u00f3. Me despert\u00e9 al d\u00eda siguiente en el suelo, con un zumbido en los o\u00eddos y el rostro cubierto de ceniza. El objeto ya no estaba. Por primera vez en semanas, sent\u00ed alivio.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero fue ef\u00edmero.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa misma noche, escuch\u00e9 c\u00f3mo alguien bajaba las escaleras de mi casa. Vivo sola. Tom\u00e9 un cuchillo de la cocina y recorr\u00ed cada rinc\u00f3n. Nadie. Pero en el comedor, la caja roja hab\u00eda vuelto. Cerrada. Impecable. Como el primer d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no tengo dudas. Lo que sea que vino con ella est\u00e1 anclado a m\u00ed. Intent\u00e9 mudarme, pero los mismos fen\u00f3menos me persiguen. Cambi\u00e9 de ciudad. Nada cambi\u00f3. Consult\u00e9 a curanderos, a psic\u00f3logos, a parapsic\u00f3logos. Algunos me trataron de loca, otros simplemente me dijeron que ya era tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy vivo en soledad. Mis amigos se alejaron. Mis padres no me llaman. Algo en mi presencia los incomoda. Lo veo en sus ojos. Como si yo ya no fuera solo Camila.<\/p>\n\n\n\n<p>Y a\u00fan la escucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Matilde. Sus pasos frente a mi casa. Su voz, dici\u00e9ndome que acepte el regalo. Que ahora soy \u201cparte del c\u00edrculo\u201d. Que el regalo no fue un presente, sino una ofrenda.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces, me pregunto si estoy viva. O si esto es alg\u00fan tipo de purgatorio.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero hay algo que s\u00ed s\u00e9 con certeza: nunca aceptes regalos que no pediste. Porque algunos regalos no se pueden devolver.<\/p>\n\n\n\n<p>Y lo peor\u2026 es que termin\u00e1s pagando con algo m\u00e1s que tu cordura.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Regalo de mi Vecina \u2013 Parte II: El C\u00edrculo Inquebrantable<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de todo lo que sucedi\u00f3, me di cuenta de que ya no era la misma. Algo dentro de m\u00ed hab\u00eda cambiado. No pod\u00eda verlo, pero lo sent\u00eda. La paz que una vez conoc\u00ed, la tranquilidad de mi hogar, ya no exist\u00edan. Mi casa se hab\u00eda convertido en una prisi\u00f3n, y yo, su prisionera. A pesar de los esfuerzos por huir, por mudarme a otro lugar, las sombras segu\u00edan persigui\u00e9ndome. Como si el \u201cregalo\u201d de Matilde hubiera marcado mi destino de una forma irreversible.<\/p>\n\n\n\n<p>La sensaci\u00f3n de estar observada nunca me dej\u00f3. Y no solo en mi casa. En la calle, en la tienda, incluso cuando estaba en la biblioteca, siempre hab\u00eda algo, una presencia invisible que acechaba, esperando. No pod\u00eda escapar de ella. Mis pensamientos se volv\u00edan cada vez m\u00e1s err\u00e1ticos. Las voces que susurraban mi nombre se intensificaban en las noches, hasta que ya no pude diferenciarlas de mis propios pensamientos. Cada sonido, cada susurro, cada sombra, me dec\u00eda lo mismo:&nbsp;<strong>\u201cEres parte del c\u00edrculo.\u201d<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Intent\u00e9 hablar con algunos amigos, pero algo hab\u00eda cambiado en mi comportamiento. Mi angustia era palpable, mi desesperaci\u00f3n, contagiosa. Ellos ya no me reconoc\u00edan, y lo que es peor, comenzaban a evitarme. No pod\u00eda culparlos. Sab\u00eda que algo me hab\u00eda transformado, pero no sab\u00eda c\u00f3mo explicarlo. No sab\u00eda qu\u00e9 estaba pasando dentro de m\u00ed. Los curanderos, los psic\u00f3logos, los parapsic\u00f3logos que consult\u00e9 no ten\u00edan respuestas. Algunos me dec\u00edan que todo era producto de mi imaginaci\u00f3n, que hab\u00eda sido un trauma psicol\u00f3gico. Otros, los m\u00e1s sinceros, me miraban con temor, como si supieran que hab\u00eda algo en m\u00ed que ya no estaba bien, algo que ni ellos pod\u00edan comprender.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa sensaci\u00f3n de estar atrapada en un ciclo interminable comenz\u00f3 a corroer mi alma. Ya no me sent\u00eda parte de este mundo. Vivir en el presente se volvi\u00f3 insoportable, y el futuro me aterraba m\u00e1s que nunca. Pero lo peor de todo fue cuando los recuerdos de Matilde comenzaron a resurgir con m\u00e1s intensidad. Esa vieja mujer, con su rostro extra\u00f1o, esa mirada penetrante, su voz que siempre dec\u00eda lo mismo:&nbsp;<strong>\u201cAcepta el regalo. Eres parte del c\u00edrculo.\u201d<\/strong>&nbsp;Su presencia era m\u00e1s constante que nunca. Pod\u00eda escucharla en el silencio, en los susurros del viento, en los pasos que resonaban en mi mente.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche, despu\u00e9s de una semana en la que no hab\u00eda descansado, decid\u00ed enfrentarme a la verdad. Me arm\u00e9 de valor, tom\u00e9 una linterna y me dirig\u00ed al patio trasero. Mi objetivo era claro: destruir todo lo que me uniera a Matilde, a ese c\u00edrculo maldito. Fui al mismo lugar donde hab\u00eda enterrado el objeto negro, el trozo de carb\u00f3n que nunca pude deshacerme de. Cav\u00e9 fren\u00e9ticamente, mi mente desbordada por la paranoia. Cuando el metal de la pala golpe\u00f3 algo duro, mi coraz\u00f3n lati\u00f3 con fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>Al sacar el objeto de la tierra, lo vi. El trozo de carb\u00f3n, pero ya no era el mismo. Ahora brillaba d\u00e9bilmente, como si tuviera vida propia. Mi cuerpo se paraliz\u00f3. No pod\u00eda dejar de mirarlo. El terror me invadi\u00f3 al darme cuenta de que, aunque lo enterr\u00e9,&nbsp;<strong>el objeto nunca hab\u00eda dejado de estar all\u00ed.<\/strong>&nbsp;Como si se hubiera alimentado de mi miedo, de mi angustia, de mi desesperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo tom\u00e9 con una mano temblorosa. Fue cuando sent\u00ed la presi\u00f3n en mi pecho nuevamente. El sonido de los pasos, los susurros, la presencia de Matilde. Algo me susurraba al o\u00eddo:&nbsp;<strong>\u201cAhora eres parte del c\u00edrculo. Ya no puedes escapar.\u201d<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lo arroj\u00e9 al fuego, sin pensar. No me importaba lo que pasara, solo quer\u00eda terminar con todo esto. El fuego brill\u00f3 intensamente, m\u00e1s all\u00e1 de lo normal. Durante un breve segundo, la llama se torn\u00f3 de un color azul el\u00e9ctrico, casi cegadora. Sent\u00ed un estremecimiento en todo mi cuerpo, un dolor punzante, y luego\u2026 todo se apag\u00f3. El fuego muri\u00f3. Y el objeto desapareci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando despert\u00e9, no estaba en el patio trasero. Estaba en mi cama, cubierta de sudor y ceniza. Mir\u00e9 mi reloj.&nbsp;<strong>Era de ma\u00f1ana.<\/strong>&nbsp;Pero algo estaba mal. La sensaci\u00f3n de estar atrapada se hab\u00eda intensificado. Y entonces, lo vi. La caja roja. La caja que Matilde me hab\u00eda dado, estaba sobre mi mesa de noche. Cerrada, intacta, como si nunca hubiera dejado de estar all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>El miedo se apoder\u00f3 de m\u00ed nuevamente. La caja\u2026 ya no era solo un regalo. Era una&nbsp;<strong>prueba<\/strong>. Una cadena que no pod\u00eda romper. Cuando la abr\u00ed, sent\u00ed que el aire se volv\u00eda m\u00e1s denso, y una voz, esta vez clara y directa, me habl\u00f3 desde dentro de la caja.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014<strong>Te lo dije, Camila. Eres parte del c\u00edrculo. No puedes volver atr\u00e1s.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Me gir\u00e9, esperando ver a Matilde frente a m\u00ed, pero no hab\u00eda nadie. La voz, esa voz, proven\u00eda de&nbsp;<strong>dentro de m\u00ed.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Todo se desmoron\u00f3. La luz de mi casa comenz\u00f3 a parpadear. Las sombras se alargaban y se retorc\u00edan.&nbsp;<strong>Matilde nunca se fue.<\/strong>&nbsp;Ella hab\u00eda quedado atrapada en el c\u00edrculo, y ahora yo tambi\u00e9n lo estaba. Ya no era solo su esp\u00edritu lo que me persegu\u00eda, sino el mismo&nbsp;<strong>c\u00edrculo<\/strong>&nbsp;de oscuridad que hab\u00eda creado, un ciclo de maldad que no pod\u00eda escapar.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, escuch\u00e9 los pasos en la calle frente a mi casa. Vi la sombra de alguien acercarse lentamente. Sab\u00eda que, como todos los dem\u00e1s antes de m\u00ed, hab\u00eda sido marcada. Y que, en alg\u00fan momento, alguien m\u00e1s tendr\u00eda que hacerse cargo del&nbsp;<strong>regalo<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>La maldici\u00f3n era ahora m\u00eda. Y no pod\u00eda romperla.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Porque no todos los regalos se pueden devolver.<\/strong>&nbsp;Y no todo lo que se ofrece con una sonrisa es inofensivo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Regalo de Mi Vecina \u2013 Parte II: La Ofrenda del C\u00edrculo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El peso de lo que hab\u00eda vivido me consum\u00eda poco a poco, pero no fue hasta esa noche que comprend\u00ed que no pod\u00eda escapar de lo que Matilde hab\u00eda iniciado. La casa ya no era un lugar donde vivir; se hab\u00eda convertido en un espacio claustrof\u00f3bico, donde las paredes respiraban con un aire denso, como si toda la estructura estuviera viva y consciente de mi presencia. Y aunque hab\u00eda intentado todas las formas posibles de librarme de la caja roja, sent\u00eda que algo en m\u00ed, algo profundo, ya no pertenec\u00eda al mundo real.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente a mi alrededor comenz\u00f3 a alejarse, a evitarme, y sus miradas ya no eran las mismas. Mis padres, quienes siempre me hab\u00edan visitado, dejaron de llamarme. Cada vez que tomaba el tel\u00e9fono, notaba una frialdad en sus voces, como si temieran algo que no pod\u00edan explicar. Pero lo que m\u00e1s me aterraba era la sensaci\u00f3n constante de ser observada. Ya no se limitaba al d\u00eda; las sombras se alargaban a\u00fan en pleno sol, y las voces, siempre susurrando mi nombre, aumentaban en volumen cada noche.<\/p>\n\n\n\n<p>El objeto negro ya no estaba en mi casa. No en la forma que lo hab\u00eda conocido, al menos. Pero las huellas de su presencia eran inconfundibles. A veces lo sent\u00eda sobre la mesa del comedor, otras veces bajo mi cama, en el armario, o incluso en los rincones oscuros de la cocina.&nbsp;<strong>El c\u00edrculo<\/strong>&nbsp;estaba tomando forma, y yo era parte de \u00e9l. Pero no lo entend\u00eda completamente, ni c\u00f3mo hab\u00eda llegado hasta este punto.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La llamada de la madrugada<\/strong>&nbsp;fue lo que finalmente rompi\u00f3 la \u00faltima capa de cordura que me quedaba. Estaba acostada, exhausta de d\u00edas interminables sin sue\u00f1o, cuando el tel\u00e9fono son\u00f3 a las tres de la ma\u00f1ana. No era el sonido normal, ni el tono familiar. Era una llamada distorsionada, con est\u00e1tica, como si la voz que ven\u00eda del otro lado estuviera atrapada en alg\u00fan tipo de dimensi\u00f3n alterna.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Camila\u2026 \u2014dijo una voz suave, casi susurrante, pero inconfundiblemente&nbsp;<strong>la voz de Matilde<\/strong>\u2014.&nbsp;<strong>Es tu turno.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Me levant\u00e9 de la cama, casi sin conciencia de lo que estaba haciendo, y mir\u00e9 hacia el pasillo. Las luces parpadeaban, y el aire ol\u00eda a humedad y algo m\u00e1s, algo podrido. Algo&nbsp;<strong>enfermo<\/strong>. De pronto, sent\u00ed que el tiempo se detuvo. Mir\u00e9 hacia la entrada y vi que la puerta de la sala estaba entreabierta. Como si alguien me estuviera esperando.<\/p>\n\n\n\n<p>Avanc\u00e9 hacia all\u00ed, cada paso m\u00e1s pesado que el anterior, hasta llegar a la mesa del comedor.&nbsp;<strong>La caja roja estaba ah\u00ed. Cerrada, intacta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Me acerqu\u00e9, y algo dentro de m\u00ed me impuls\u00f3 a abrirla. Lo que vi dentro no era el objeto negro. En su lugar, hab\u00eda una&nbsp;<strong>figura<\/strong>. Una figura humana, envuelta en una tela negra, con los ojos cerrados, como si estuviera dormida o inconsciente. Pero algo no estaba bien. Al acercarme, la tela se levant\u00f3 por s\u00ed sola, revelando una cara\u2026&nbsp;<strong>la m\u00eda.<\/strong>&nbsp;Mi rostro, igual al que ve\u00eda en el espejo, pero con una expresi\u00f3n vac\u00eda, hueca.&nbsp;<strong>Como si estuviera muerta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El aire en la habitaci\u00f3n se volvi\u00f3 m\u00e1s denso, m\u00e1s espeso. Las paredes comenzaron a crujir, y los susurros aumentaron.&nbsp;<strong>\u201cEs tu turno\u201d<\/strong>&nbsp;reson\u00f3 en mi cabeza. El miedo me paraliz\u00f3, pero fue cuando vi una mano, peque\u00f1a, de ni\u00f1a, salir de dentro de la caja, que mi mente se rompi\u00f3 por completo.<\/p>\n\n\n\n<p>De repente, la caja se cerr\u00f3 de golpe. Todo qued\u00f3 en silencio, pero el silencio fue peor que el ruido.&nbsp;<strong>El mal hab\u00eda tomado forma<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Aterrada, trat\u00e9 de huir. Corr\u00ed hacia la puerta, pero cuando la abr\u00ed, todo lo que vi fue&nbsp;<strong>oscuridad<\/strong>. La calle frente a mi casa, que antes estaba iluminada, ahora era solo un vac\u00edo negro, impenetrable. Sent\u00ed como si algo me estuviera arrastrando hacia ese abismo, hacia una oscuridad que no pod\u00eda comprender. Las voces se agolpaban en mi cabeza.&nbsp;<strong>\u201cParte del c\u00edrculo. Ya es tarde.\u201d<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ca\u00ed de rodillas en la entrada, mi mente destrozada por el miedo. En ese momento, entend\u00ed la verdad:&nbsp;<strong>no estaba en el mundo real.<\/strong>&nbsp;La caja roja no era solo un objeto, ni una simple ofrenda. Era un portal, un v\u00ednculo entre mi mundo y el mundo al que hab\u00eda sido arrastrada por Matilde.&nbsp;<strong>El c\u00edrculo<\/strong>&nbsp;no solo era una condena para m\u00ed, sino para todos los que aceptaron lo que no pidieron.<\/p>\n\n\n\n<p>Despert\u00e9 en la misma cama, con el rostro empapado en sudor fr\u00edo. Todo parec\u00eda normal, pero al mirar la mesa del comedor, vi la caja nuevamente. Cerrada, impecable, esperando. Esta vez, sin siquiera tocarla, supe lo que deb\u00eda hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Fui al patio trasero, y con manos temblorosas, cav\u00e9 un hoyo profundo.&nbsp;<strong>Mi \u00fanica esperanza era que si lo enterraba lo suficientemente profundo, tal vez el c\u00edrculo me dejar\u00eda ir.<\/strong>&nbsp;Colocando la caja en la tierra, la cubr\u00ed r\u00e1pidamente. Pero algo en m\u00ed sab\u00eda que no terminar\u00eda ah\u00ed. Algo me dec\u00eda que mientras existiera,&nbsp;<strong>el c\u00edrculo siempre volver\u00eda.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron semanas. Los susurros ya no me despertaban, pero nunca se fueron. Cuando miraba a los ojos de la gente, ve\u00eda algo diferente en ellos. Era como si me reconocieran, pero a la vez, no. Algo en mi presencia los incomodaba. Sent\u00eda que ya no pertenec\u00eda a este mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, a\u00f1os despu\u00e9s, sigo viviendo en ese barrio tranquilo, pero la paz nunca volvi\u00f3. Cada vez que alguien nuevo llega a mi vecindad, veo en sus ojos la misma ansiedad, el mismo miedo que tuve yo.&nbsp;<strong>\u00bfHabr\u00e1 m\u00e1s v\u00edctimas de Matilde?<\/strong>&nbsp;\u00bfO es que ya todos estamos atrapados en el mismo ciclo, buscando una salida que no existe?<\/p>\n\n\n\n<p>A veces, me pregunto si estoy realmente viva o si esto es solo un purgatorio eterno. Pero una cosa es cierta:&nbsp;<strong>el c\u00edrculo nunca olvida.<\/strong>&nbsp;Y yo, ahora, soy parte de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Regalo de mi Vecina \u2013 Parte III: El \u00daltimo Ciclo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo, por extra\u00f1o que parezca, comenz\u00f3 a desdibujarse en mi vida. Las estaciones pasaban sin que yo pudiera distinguirlas del todo. Los d\u00edas se convert\u00edan en un borr\u00f3n gris, entrecortado por momentos de terror y la constante sensaci\u00f3n de que algo me acechaba, algo que nunca podr\u00eda evitar. Los susurros ya no solo me hablaban por las noches, sino durante todo el d\u00eda, como una melod\u00eda incesante que se colaba en mis pensamientos, taladrando mi mente.<\/p>\n\n\n\n<p>En ocasiones, ve\u00eda a los nuevos vecinos que llegaban al barrio. Sus ojos se encontraban con los m\u00edos, y en sus miradas, ve\u00eda algo familiar: el mismo miedo, la misma duda. No pod\u00eda evitarlo. Era como si la maldici\u00f3n de Matilde, esa presencia invisible, se hubiera infiltrado en todos los rincones del barrio. Y aunque trataba de no involucrarme con ellos, algo me empujaba a acercarme, a hablarles, a advertirles.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue una tarde c\u00e1lida, casi al atardecer, cuando el hombre que acababa de mudarse al lado de mi casa vino a saludarme. Llevaba una peque\u00f1a caja envuelta en papel rojo opaco. No me sorprendi\u00f3. Algo en mi interior ya lo sab\u00eda. Sonri\u00f3 amablemente, pero en sus ojos hab\u00eda una sombra, una especie de desesperaci\u00f3n contenida que me record\u00f3 demasiado a lo que hab\u00eda experimentado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Camila, pens\u00e9 en ti cuando vi esto en una tienda del centro \u2014dijo, sin saber que sus palabras ya estaban marcadas por la condena. Extendi\u00f3 la caja hacia m\u00ed. \u201cEs un regalo\u2026 para la protecci\u00f3n de tu casa.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mir\u00e9, y todo mi ser grit\u00f3 en advertencia. Ya no pod\u00eda seguir ignorando la verdad. El c\u00edrculo se estaba cerrando, y ahora era&nbsp;<strong>su turno<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>En un impulso que no pude controlar, me apart\u00e9 de \u00e9l, el miedo recorri\u00e9ndome como un torrente. Mi cuerpo comenz\u00f3 a temblar, y las sombras parecieron alargarse de inmediato, rode\u00e1ndonos. El sonido de los susurros se hizo m\u00e1s fuerte en mi cabeza, como un coro de voces ahogadas, mientras mis ojos se fijaban en la caja que el vecino a\u00fan sosten\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo mir\u00e9 fijamente, y fue como si todo se detuviera en ese instante. Las palabras salieron de mis labios sin que pudiera detenerlas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No\u2026&nbsp;<strong>no aceptes el regalo<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre se qued\u00f3 paralizado, su rostro reflejando confusi\u00f3n y miedo, pero al mismo tiempo, parec\u00eda ser incapaz de soltar la caja. Algo lo atra\u00eda hacia ella, algo que ni \u00e9l ni yo comprend\u00edamos por completo. Vi su mano temblando ligeramente al aferrarse m\u00e1s fuerte a la caja, como si una fuerza invisible lo controlara.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No\u2026 \u2014repet\u00ed, acerc\u00e1ndome, luchando por hablar. \u2014\u00a1Es una maldici\u00f3n! \u00a1No puedes\u2026!<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de que pudiera terminar la frase, el hombre me mir\u00f3 con una extra\u00f1a sonrisa, y sus ojos brillaron con un destello que me hel\u00f3 la sangre. El aire a nuestro alrededor se volvi\u00f3 espeso, y un sonido grave, como un susurro antiguo, recorri\u00f3 el viento.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, la caja se abri\u00f3 por s\u00ed sola.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento, la misma sensaci\u00f3n de oscuridad que hab\u00eda experimentado antes me invadi\u00f3, pero esta vez con m\u00e1s fuerza. La caja no solo conten\u00eda objetos, no solo era un recipiente. Era un&nbsp;<strong>portal<\/strong>. Y de su interior comenz\u00f3 a salir algo, algo oscuro y viscoso, como si la misma sombra que hab\u00eda estado acechando mi vida durante meses se desbordara y tomara forma. El hombre, ahora completamente inm\u00f3vil, comenz\u00f3 a murmurar palabras incomprensibles, como si fuera pose\u00eddo por la entidad que hab\u00eda estado tras de m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>De repente, la figura de Matilde apareci\u00f3. No la mujer amable que conoc\u00ed a\u00f1os atr\u00e1s, sino algo mucho m\u00e1s oscuro. Su rostro era solo una m\u00e1scara deformada, con ojos vac\u00edos que reflejaban una desesperaci\u00f3n infinita. La figura camin\u00f3 lentamente hacia m\u00ed, y su presencia fue como una presi\u00f3n f\u00edsica sobre mi pecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces, comprend\u00ed la verdad por completo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Matilde nunca hab\u00eda sido humana.<\/strong>&nbsp;Ella era una entidad, una sombra que tomaba la forma de personas muertas, absorbiendo sus recuerdos, sus vidas, sus almas. Ella hab\u00eda creado un c\u00edrculo, un v\u00ednculo que no pod\u00eda romperse, y yo, como todos los dem\u00e1s antes de m\u00ed, era solo un pe\u00f3n en su juego.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u201cAcepta el regalo,\u201d<\/strong>&nbsp;susurr\u00f3 Matilde, su voz arrastr\u00e1ndose en mis o\u00eddos.&nbsp;<strong>\u201cEres parte de nosotros ahora. El c\u00edrculo es tuyo. Siempre lo ser\u00e1.\u201d<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El hombre junto a m\u00ed cay\u00f3 de rodillas, su cuerpo se retorci\u00f3, pero no hubo gritos. Solo silencio. Cuando mir\u00e9 hacia \u00e9l, su rostro ya no era el mismo. Estaba vaciado, como si su alma hubiera sido extra\u00edda por completo, dejando solo un cascar\u00f3n vac\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue entonces cuando entend\u00ed que&nbsp;<strong>nada<\/strong>&nbsp;de lo que hab\u00eda experimentado era real en el sentido que yo conoc\u00eda. Todo esto, la caja, el regalo, Matilde, el c\u00edrculo\u2026 era un ciclo que se repet\u00eda, una maldici\u00f3n que se pasaba de una persona a otra, y cada nuevo ser ca\u00eda en la misma trampa, condenada a vivir una vida marcada por la sombra.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ahora era mi turno.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Me gir\u00e9 para huir, pero el aire me apres\u00f3. No hab\u00eda salida. Estaba atrapada. La casa, la vecina, el regalo, todo hab\u00eda sido parte de esta red, y ahora yo era la pr\u00f3xima en ser absorbida por la oscuridad que Matilde hab\u00eda tra\u00eddo al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al fin comprend\u00ed.&nbsp;<strong>No era un purgatorio. Era una condena infinita, donde las almas atrapadas buscaban nuevas v\u00edctimas, nuevas almas a las que devorar.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La caja roja, el regalo, ya no era un objeto.&nbsp;<strong>Era el ancla de la maldici\u00f3n, el lazo que un\u00eda el mundo de los vivos con el de los muertos. Y no importa cu\u00e1ntas veces tratemos de escapar, siempre regresa. Siempre vuelve.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y ahora, yo tambi\u00e9n formaba parte de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El c\u00edrculo nunca se rompe.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>\u201cEl regalo de mi vecina\u201d \u2013 Por Camila Rivas Vivo en un barrio tranquilo desde hace m\u00e1s de cinco a\u00f1os. 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