{"id":7446,"date":"2025-12-02T09:26:47","date_gmt":"2025-12-02T09:26:47","guid":{"rendered":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/?p=7446"},"modified":"2025-12-02T09:26:48","modified_gmt":"2025-12-02T09:26:48","slug":"el-ranchero-heredo-a-las-dos-bellas-esposas-del-jefe-apache-moribundo-y-ocurrio-algo-inesperado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/?p=7446","title":{"rendered":"El ranchero hered\u00f3 a las dos bellas esposas del jefe apache moribundo \u2014Y ocurri\u00f3 algo inesperado\u2026"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/image-43.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-7447\" srcset=\"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/image-43.png 1024w, https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/image-43-300x300.png 300w, https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/image-43-150x150.png 150w, https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/image-43-768x768.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>El ranchero hered\u00f3 a las dos bellas esposas del jefe apache moribundo \u2014Y ocurri\u00f3 algo inesperado\u2026<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/mindxtop.com\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/unnamed-8-4-300x300.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-6515\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>PauseNextMute<\/p>\n\n\n\n<p>Current Time&nbsp;0:13<\/p>\n\n\n\n<p>\/<\/p>\n\n\n\n<p>Duration&nbsp;3:21Fullscreen<\/p>\n\n\n\n<p>Vaquero hereda al moribundo l\u00edder Apache a dos de sus hermosas esposas. Y lo que ocurri\u00f3 despu\u00e9s. Antes de meternos de lleno en la historia, no olvides dejar tu me gusta y comentarnos desde d\u00f3nde nos est\u00e1s viendo. Para el verano de 1886, Ilias Ellie Cotter llevaba casi 6 a\u00f1os viviendo solo en su rancho.<\/p>\n\n\n\n<p>A sus 34 segu\u00eda siendo un hombre fuerte, alto de hombros anchos, el tipo que pod\u00eda cargar un fardo de eno en cada mano. Las arrugas en las comisuras de sus ojos eran fruto de a\u00f1os de viento y polvo, no de risas. En sus 20es hab\u00eda trabajado en arreos de ganado.<\/p>\n\n\n\n<p>Sirvi\u00f3 un tiempo como explorador en las guerras apaaches y sali\u00f3 de ambas con m\u00e1s cicatrices y an\u00e9cdotas. Desde entonces, su vida se marcaba por las faenas, el cambio de estaciones y el trabajo lento de mantener el rancho en pie. Ese silencio se rompi\u00f3 una calurosa ma\u00f1ana de julio cuando dos jinetes apaches aparecieron en la cima de una loma por la postura erguida y la mirada fija con que montaban, Eli supo que no iban de paso.<\/p>\n\n\n\n<p>Dej\u00f3 el balde que tra\u00eda de la bomba de agua, apoy\u00f3 la mano en la cerca y los observ\u00f3 acercarse. Avanzaban con ese paso deliberado que suele traer malas noticias. Al llegar a la verja, el mayor inclin\u00f3 la cabeza con respeto antes de hablar. Su castellano era pausado, pero claro, el jefe te llama, est\u00e1 enfermo, quiere verte ahora. Eli no pregunt\u00f3 qu\u00e9 pasaba.<\/p>\n\n\n\n<p>La mirada del hombre le dijo suficiente. Desat\u00f3 a su alz\u00e1n de la valla, mont\u00f3 y lo sigui\u00f3 sin m\u00e1s palabras. El viaje hacia el este les tom\u00f3 casi todo el d\u00eda. El campamento estaba en un valle bajo junto al r\u00edo San Pedro, medio oculto por el mezquite. El humo de las hogueras flotaba en el aire quieto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l y vio a ni\u00f1os jugando en la orilla. Las risas se apagaron al verlo. Los hombres mayores se apartaron, pero lo observaron evalu\u00e1ndolo en silencio. La tienda del jefe estaba apartada de las dem\u00e1s. Dentro el aire ol\u00eda a humo de cedro y hierbas hervidas. El hombre tendido no era el que recordaba a\u00f1os atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Su cuerpo antes imponente se hab\u00eda adelgazado y la fuerza de su voz se hab\u00eda reducido a un hilo ronco. Eli record\u00f3 la primera vez que se conocieron una incursi\u00f3n invernal que sali\u00f3 mal. El jefe hab\u00eda quedado atrapado en un arroyo helado al caer su caballo. Eli y lo sac\u00f3 medio congelado, manteniendo su cabeza fuera del agua hasta que su gente lleg\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese momento los uni\u00f3 en un respeto silencioso, pese al paso de los a\u00f1os y la distancia. Ahora los ojos del jefe lo miraban con la misma agudeza de entonces, aunque su cuerpo fallaba. \u201cT\u00fa me salvaste\u201d, dijo despacio, pero firme. \u201cNo lo he olvidado. Cuando yo muera, mis esposas no tendr\u00e1n a nadie. No, hermanos, no protecci\u00f3n. Te pido que las cuides.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201d La mand\u00edbula de Eli se endureci\u00f3. entend\u00eda bien lo que eso implicaba. En estas tierras, una mujer sin parientes ni defensa estaba expuesta no solo a los peligros del entorno, sino tambi\u00e9n a depredadores con rostro humano. \u201cMe asegurar\u00e9 de que est\u00e9n a salvo\u201d, respondi\u00f3 al fin, con voz estable, pero m\u00e1s baja de lo habitual.<\/p>\n\n\n\n<p>El jefe asinti\u00f3 breve, como si eso fuera todo lo que necesitaba o\u00edr, y cerr\u00f3 los ojos. El\u00ed regres\u00f3 al d\u00eda siguiente. Las dos mujeres lo esperaban en la entrada, dejadas all\u00ed por los jinetes que ya volv\u00edan a casa. A Jona, la m\u00e1s joven por un a\u00f1o, vest\u00eda un traje de gamuza color tierra gastada adornado con flecos y cuentas. Su largo cabello negro estaba trenzado con tiras de cuero y cuentas, y sus ojos marr\u00f3n oscuro manten\u00edan una calma vigilante.<\/p>\n\n\n\n<p>El escote del vestido dejaba ver la parte alta del pecho, pero no hab\u00eda nada descuidado en su porte. A su lado estaba Mavilla m\u00e1s alta y de complexi\u00f3n fuerte. Llevaba un vestido de algod\u00f3n crema gastado por el viaje. El cuello rasgado dejaba entrever un destello de piel c\u00e1lida. no se molestaba en ocultarlo. Permanec\u00eda erguida con un peque\u00f1o cuchillo en la funda de su cintur\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus ojos recorr\u00edan r\u00e1pido el patio, el corral, la casa, evaluando si el lugar era digno de confianza. Eli se detuvo a unos pasos. \u201cLa casa es fresca por dentro\u201d, dijo. \u201cHay comida y dos cuartos vac\u00edos. son suyos si quieren. No respondieron de inmediato. Aona mir\u00f3 brevemente a Mavilla antes de que ambas avanzaran juntas, pas\u00e1ndole por un lado sin decir palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro la casa era sencilla piso de madera, una cocina peque\u00f1a, dos cuartos traseros que llevaban a\u00f1os sin usarse. Dejaron sus peque\u00f1os bultos junto a la pared. Nadie mencion\u00f3 cu\u00e1nto tiempo se quedar\u00edan y no pregunt\u00f3. sab\u00eda bien lo que hab\u00eda aceptado en esa tienda. Al cerrar la puerta sinti\u00f3 que el aire cambiaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no se trataba solo de cumplir una promesa. Era el inicio de algo que alterar\u00eda la calma de su vida para bien o para mal. Eli despert\u00f3 antes del amanecer como siempre, pero el sonido de movimiento en la cocina le dijo que no era el \u00fanico en pie. La presencia de las mujeres a\u00fan era reciente y el peso de la promesa hecha al jefe moribundo no hab\u00eda entrado en la rutina.<\/p>\n\n\n\n<p>Se lav\u00f3 la cara en la palangana, se calz\u00f3 las botas y entr\u00f3 en la sala principal. Aona estaba junto al fog\u00f3n con las trenzas cay\u00e9ndole sobre el hombro mientras remov\u00eda una olla. Alz\u00f3 la vista un instante con ojos serenos, pero inescrutables, y volvi\u00f3 a lo suyo. El aroma le indic\u00f3 a Eli que hab\u00eda encontrado el saco de harina de ma\u00edz que \u00e9l mencion\u00f3 el d\u00eda anterior. Mavilla estaba cerca de la puerta arremang\u00e1ndose el vestido color crema y observando el patio por la entrada abierta como si ya pensara en las tareas del d\u00eda. El rancho llevaba a\u00f1os funcionando al m\u00ednimo solo Eli, algunos<\/p>\n\n\n\n<p>caballos, un peque\u00f1o ato de reces y cercas que siempre estaban a un viento de caerse. Hab\u00eda mantenido ese terreno con vida gracias al trabajo duro y al hecho de que nadie m\u00e1s quer\u00eda adue\u00f1arse de ese pedazo de tierra. Ahora, con dos personas m\u00e1s bajo su techo, sent\u00eda la presi\u00f3n de lo que significaba tener que alimentarlas, mantenerlas a salvo y lejos de problemas con la clase de hombres equivocada.<\/p>\n\n\n\n<p>se dio cuenta de que el d\u00eda anterior algo hab\u00eda quedado sin decir. Ninguna de las dos le hab\u00eda contado d\u00f3nde hab\u00edan estado antes de que los jinetes las dejaran en su port\u00f3n. Las esposas del jefe no eran de hablar sin motivo, pero le incomodaba no saber si alguien podr\u00eda venir busc\u00e1ndolas. Comieron en silencio en la mesa a tole espeso de ma\u00edz y caf\u00e9 tan fuerte que dejaba la boca seca. Despu\u00e9s elay empuj\u00f3 la silla hacia atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos trabajo hoy\u201d, dijo mir\u00e1ndolas a ambas. \u201cLos caballos necesitan agua. La cerca sur est\u00e1 ladeada y la bomba chirr\u00eda lo suficiente como para volver loco a cualquiera.\u201d La boca de Mavia se curv\u00f3 entre una media sonrisa y un reto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfPodemos con una bomba?\u201d Respondi\u00f3 con voz firme su espa\u00f1ol practicado, pero con acento. Aona no habl\u00f3, solo asinti\u00f3 una vez y empez\u00f3 a recoger los platos. Afuera, el calor temprano ya se hac\u00eda sentir. Eli fue hacia el abrevadero, mostr\u00e1ndoles la palanca de la bomba y c\u00f3mo cebarla. Mavia lo aprendi\u00f3 r\u00e1pido, sus brazos firmes sobre el mango, aunque el chirrido del metal viejo la hizo fruncir el ce\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Aona llev\u00f3 el balde al corral, el vestido de gamusa roz\u00e1ndole las piernas y el escote bajando cada vez que se inclinaba. Los caballos olfateaban tranquilos, sin espantarse. En la cerca sur, Eli le se\u00f1al\u00f3 a Mavia la parte que estaba vencida. \u201cLa tierra est\u00e1 blanda aqu\u00ed\u201d, coment\u00f3. \u201cLos postes hay que reponerlos.\u201d Ella puso las manos en la cintura mirando la l\u00ednea. \u201cHe hecho peores\u201d, contest\u00f3 y \u00e9l le crey\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Trabajaron juntos con la barrena turn\u00e1ndose sin problemas. Ella not\u00f3 de inmediato cuando su hombro derecho se tens\u00f3 vieja lesi\u00f3n de sus d\u00edas como explorador y tom\u00f3 su lugar sin pedir permiso para alargar su turno. Al mediod\u00eda, el sudor les oscurec\u00eda la ropa en la espalda. Descansaron bajo la sombra de un mesquite pas\u00e1ndose la cantimplora. Fue fue entonces cuando Eli pregunt\u00f3 manteniendo el tono parejo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando los jinetes las trajeron, dijeron si alguien m\u00e1s podr\u00eda venir a buscarlas. Agona mir\u00f3 a Mavia antes de responder. Nadie vendr\u00e1. La palabra del jefe es final, dijo con voz baja, pero con un filo que le indic\u00f3 a \u00e9l y que lo cre\u00eda. O necesitaba creerlo. Mavia a\u00f1adi\u00f3, \u201cSus hermanos est\u00e1n muertos. Sus enemigos tienen otras batallas ahora.<\/p>\n\n\n\n<p>No dio m\u00e1s detalles y Eli no insisti\u00f3. De vuelta en la casa, las mujeres se pusieron a preparar la cena. Eli se qued\u00f3 afuera escudri\u00f1ando el horizonte como era su costumbre. El terreno era lo bastante llano, como para ver llegar a un jinete desde kil\u00f3metros y quer\u00eda que siguiera as\u00ed. Cuando cay\u00f3 el sol, el trabajo se notaba la cerca a los caballos con agua y el chirrido de la bomba reducido gracias a Mavia. Dentro la mesa estaba servida con frijoles y pan reci\u00e9n hecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Comieron sin ceremonia. El silencio ya no era inc\u00f3modo, aunque tampoco familiar. Eli repar\u00f3 en los peque\u00f1os gestos como Agona pon\u00eda su taza a su izquierda sin preguntar o c\u00f3mo Mavia aseguraba el pestillo antes de sentarse. No eran solo costumbres de mujeres cuidadosas, eran reflejos de quienes han vivido demasiado tiempo sabiendo que la seguridad nunca est\u00e1 garantizada.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras cubr\u00eda el fuego por la noche, Ellie entendi\u00f3 su nueva misi\u00f3n. No se trataba solo de cumplir la \u00faltima petici\u00f3n del jefe, era asegurarse de que esa casa y esa tierra fueran un lugar que nadie pudiera arrebatarles sin importar lo que intentara el desierto o los hombres que en \u00e9l viv\u00edan. A la ma\u00f1ana siguiente amaneci\u00f3 m\u00e1s fresco con un velo de nubes apagando el sol.<\/p>\n\n\n\n<p>El\u00ed sali\u00f3 al porche con el caf\u00e9 en mano, observando el horizonte como siempre. A\u00f1os de soledad en esas tierras le hab\u00edan ense\u00f1ado a leer el terreno, movimiento polvo, cambios de luz. Y ahora, con dos mujeres bajo su cuidado, ese h\u00e1bito se hab\u00eda agudizado. Nada se mov\u00eda all\u00e1 afuera, salvo un sopilote que planeaba sobre la lejana cresta.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro las mujeres ya estaban despiertas. Aillona, arrodillada junto al fog\u00f3n, avivaba el fuego para el desayuno. Mavia estaba afuera en el abrevadero, con las mangas remangadas y el cabello suelto, restregando el interior con un cepillo duro. El sonido de su labor se extend\u00eda en el aire quieto. Eli y segu\u00eda d\u00e1ndole vueltas a algo desde el d\u00eda anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>Ellas aseguraban que nadie vendr\u00eda por ellas, que la palabra del jefe era definitiva. Pero \u00e9l conoc\u00eda hombres blancos y apaches que ignorar\u00edan el \u00faltimo deseo de un muerto si ve\u00edan una oportunidad de ganancia. Sab\u00eda tambi\u00e9n que el jefe hab\u00eda sido respetado y que con su muerte habr\u00eda quienes quisieran poner a prueba a cualquiera. Vinculado a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>comieron r\u00e1pido frijoles de la noche anterior, a\u00fan tibios del rescoldo, y tortas de ma\u00edz que Agona hab\u00eda formado y cocido mientras serv\u00eda el caf\u00e9. Despu\u00e9s, Ellie dej\u00f3 la taza y dijo con calma, \u201cNecesitamos revisar la cerca norte. No he ido en una semana. Es terreno dif\u00edcil y buen escondite para quien quiera pasar sin ser visto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201d No dijo el resto en voz alta. Quer\u00eda ver si hab\u00eda huellas frescas. Encillaron los caballos y partieron juntos. A Jona cabalgaba en silencio, erguida y serena, con la vista recorriendo el terreno de un modo que le dej\u00f3 claro a Eli, que sab\u00eda observar sin llamar la atenci\u00f3n. Mavia, por su parte, iba a ratos delante con movimientos seguros y Eli not\u00f3 que manten\u00eda la mano cerca de la empu\u00f1adura del cuchillo en su cintur\u00f3n. No era por lucirse, sino por costumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>La l\u00ednea de la cerca norte segu\u00eda una elevaci\u00f3n donde el pasto se\u00eda paso a piedras y mequites. A mitad del recorrido, Eli lo vio dos postes inclinados y el alambre flojo. Se baj\u00f3 del caballo, se agach\u00f3 y pas\u00f3 los dedos por la tierra. Una huella de bota que no era suya marcaba el suelo blando por la lluvia reciente. La pisada era poco profunda, pero reciente de menos de dos d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>se incorpor\u00f3 examinando la pendiente m\u00e1s all\u00e1 de la cerca. \u201cAlguien ha pasado por aqu\u00ed\u201d, dijo. Mavia desmont\u00f3 y se acerc\u00f3 para ver. Entrecerr\u00f3 los ojos. Nos estaban observando. Las huellas regresan hacia la loma. La voz de Aona fue tranquila, casi demasiado. No son de los nuestros, lo sabr\u00edamos. Eli tens\u00f3 el alambre mientras ellas vigilaban.<\/p>\n\n\n\n<p>trabaj\u00f3 r\u00e1pido, sin querer quedar expuestos y el intruso segu\u00eda cerca. Al terminar volvieron a montar y tomaron un rodeo m\u00e1s amplio para abarcar mejor la vista de los alrededores del rancho. Ya en casa, Eli llev\u00f3 los caballos al corral. Desde ahora dijo, \u201cNadie sale solo. Si ven polvo o movimiento all\u00e1 fua, ya fuera se meten y aseguran la puerta.\u201d Mavia alz\u00f3 el ment\u00f3n ante la orden, pero no discuti\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>A Jona solo asinti\u00f3 con la mirada fija en \u00e9l. Conforme avanz\u00f3 la tarde, Eli se meti\u00f3 al peque\u00f1o almac\u00e9n junto a la cocina para revisar provisiones. Quedaba poca harina el caf\u00e9 en el \u00faltimo saco y el aceite para las l\u00e1mparas casi terminado. Tendr\u00eda que ir al pueblo pronto medio d\u00eda de ida y otro de vuelta, pero la idea de dejarlas solas le inquietaba m\u00e1s de lo que quer\u00eda admitir. noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras las faenas se sentaron en el porche, el cielo se te\u00f1\u00eda de naranja intenso y azul apagado. Ellas conversaban bajo en su idioma y las dej\u00f3 aprovechando para pensar. Segu\u00eda sin entender por qu\u00e9 los jinetes las hab\u00edan dejado en su port\u00f3n en vez de llevarlas con parientes de su gente. No lo hab\u00eda preguntado directamente, pero la duda segu\u00eda ah\u00ed. Cuando ca\u00eda la luz, Mavia se volvi\u00f3 hacia \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Si vas al pueblo, estaremos listas. Sabemos vigilar. No lo dijo con arrogancia, sino como un hecho. A Jona a\u00f1adi\u00f3, \u201cHemos sobrevivido a cosas peores que una casa vac\u00eda.\u201d Eli las observ\u00f3 un momento largo. Confiaba en que podr\u00edan valerse por s\u00ed mismas, pero tambi\u00e9n sab\u00eda que aqu\u00ed los problemas llegaban r\u00e1pido y estar listo no siempre significaba estar a salvo.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan as\u00ed, asinti\u00f3. Lo veremos en unos d\u00edas. Hasta entonces mantenemos todo cerrado. Se quedaron afuera hasta que salieron las estrellas, la tierra oscura y callada alrededor. Nadie lo dijo, pero los tres sab\u00edan que el rancho ya no estaba tan oculto como antes y que alguien all\u00e1 afuera ya sab\u00eda que las mujeres estaban all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron dos d\u00edas sin ver a nadie cerca, pero Eli segu\u00eda intranquilo. Se sorprend\u00eda revisando m\u00e1s a menudo la loma norte atento al galope que el viento pod\u00eda traer. Decidi\u00f3 retrasar el viaje al pueblo hasta estar seguro de que quien dej\u00f3 esas huellas ya se hab\u00eda ido. Aquella ma\u00f1ana el aire estaba c\u00e1lido y quieto de esa quietud que hace que el sonido viaje m\u00e1s lejos.<\/p>\n\n\n\n<p>Agillona estaba arrodillada en el huerto arrancando hierbas con movimientos constantes. Mavia en el corral cepillaba a uno de los alasanes mangas remangadas y el cuchillo a\u00fan en el cinto. \u00c9l y ajustaba una bisagra de la puerta cuando escuch\u00f3 el sonido dos caballos al paso lento viniendo del oeste.<\/p>\n\n\n\n<p>Se irgui\u00f3 y les hizo se\u00f1as a las mujeres para que dejaran lo que hac\u00edan y entraran. Dos jinetes aparecieron por el sendero, ambos blancos con sombreros ajados. y abrigos polvorientos. Sus caballos eran flacos e inquietos. Sus ojos recorr\u00edan el patio antes de llegar a la entrada.<\/p>\n\n\n\n<p>El mayor de rostro afilado y ojos claros esboz\u00f3 una media sonrisa que no era de amistad. Buenos d\u00edas, salud\u00f3 con voz que se o\u00eda bien. Escuch\u00e9 que hay compa\u00f1\u00eda nueva por aqu\u00ed. Su mirada fue hacia el porche donde Aona estaba ya de pie, brazos cruzados y gesto sereno, pero alerta. Eli no se movi\u00f3 del port\u00f3n. Por aqu\u00ed est\u00e1 tranquilo. Seguro se equivocaron. Dijo el m\u00e1s joven.<\/p>\n\n\n\n<p>Solt\u00f3 una risita movi\u00e9ndose en la silla. A m\u00ed no me lo parece. Sus ojos se detuvieron descarados en las mujeres con esa expresi\u00f3n que \u00e9l hab\u00eda visto demasiadas veces en los caminos. No buscamos problemas\u201d, dijo el mayor, aunque su tono dec\u00eda otra cosa. Solo pens\u00e1bamos pasar a saludar. \u201cQuiz\u00e1 ofrecer algo de compa\u00f1\u00eda, no me interesa\u201d, respondi\u00f3 Ellie, parejo de voz. \u201cM\u00e1s les vale dar la vuelta antes de que suba el sol.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201d El silencio que sigui\u00f3 fue denso. Eli sinti\u00f3 las miradas de Aona y Mavia, esperando a ver si insistir\u00edan. El joven se inclin\u00f3 un poco hacia delante como para hablar m\u00e1s, pero el mayor le tom\u00f3 el brazo. \u201cNos vamos\u201d, dijo forzando otra sonrisa. \u201cTal vez volvamos en otra ocasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201d Giraron los caballos y se alejaron despacio. Demasiado despacio para el gusto de como si quisieran grabar cada detalle del lugar antes de irse. Cuando el polvo de su partida se asent\u00f3, Eli subi\u00f3 al porche. Si alguno de ellos regresa, mientras yo no est\u00e9, se quedan dentro. No abran la puerta sin importar lo que digan, advirti\u00f3 Eli.<\/p>\n\n\n\n<p>Mavia apret\u00f3 la mand\u00edbula. Sabemos cuidarnos respondi\u00f3 ella. Lo s\u00e9\u201d, dijo \u00e9l y mir\u00e1ndola a los ojos. \u201cPero no es lo mismo defenderse que conservar un techo sin entrar en una pelea que no necesitamos.\u201d Esa tarde, despu\u00e9s de las faenas, se sentaron a cenar frijoles, tocino salado y pan reci\u00e9n horneado por Aona. La tensi\u00f3n de antes todav\u00eda flotaba en el aire.<\/p>\n\n\n\n<p>Eli decidi\u00f3 cerrar una de las dudas que arrastraba desde el primer d\u00eda. Nunca dijeron por qu\u00e9 los jinetes las dejaron aqu\u00ed y no con otros parientes, pregunt\u00f3 mir\u00e1ndolas a ambas. La mirada de Agillona baj\u00f3 hacia su plato y Mavia habl\u00f3 primero. El jefe te eligi\u00f3, no solo porque le salvaste, sino porque sab\u00eda que nadie m\u00e1s podr\u00eda mantenernos a salvo sin exigir algo a cambio. Dej\u00f3 que sus palabras calaran.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay hombres, incluso entre los nuestros, que nos ver\u00edan como algo que reclamar. \u00c9l quiso algo mejor que eso. El\u00ed asinti\u00f3 despacio, dejando que la respuesta se asentara. No era todo, pero bastaba para entender su llegada y el riesgo que implicaba. Despu\u00e9s de la comida, salieron afuera.<\/p>\n\n\n\n<p>El aire se enfriaba y las estrellas iban apareciendo una a una. Eli tom\u00f3 su lugar habitual en el porche Mavia, se apoy\u00f3 en el poste junto a la puerta y Ajillona se sent\u00f3 en el escal\u00f3n superior. Nadie habl\u00f3 por un buen rato. \u00c9l ya no se extend\u00eda en silencio, pero \u00e9l sab\u00eda que los dos jinetes de antes andaban en alg\u00fan lugar y que tarde o temprano volver\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche, antes de acostarse, movi\u00f3 el Winchester de su soporte en la cocina a la mesa peque\u00f1a junto a su cama. Si hab\u00eda problemas, no lo sorprender\u00edan. Los dos d\u00edas siguientes pasaron con una calma tensa. Eli se mantuvo ocupado reparando cercas, revisando el ganado y arreglando detalles del granero, todo lo que le permitiera moverse y mantener la vista en el terreno.<\/p>\n\n\n\n<p>Mavia y Ajiyona se adaptaron al ritmo sin queja, pero en la forma en que vigilaban el horizonte, \u00e9l notaba que la visita de aquellos hombres segu\u00eda presente en sus mentes. A Eli no le gustaban los cabos sueltos y hab\u00eda algo que no encajaba. \u00bfC\u00f3mo se hab\u00edan enterado de las mujeres? Por aqu\u00ed las noticias no corr\u00edan por casualidad. Alguien hab\u00eda hablado.<\/p>\n\n\n\n<p>El campamento del jefe estaba lo bastante lejos, como para que la noticia no llegara f\u00e1cil a los colonos blancos. Y esos jinetes no parec\u00edan hombres que negociaran con los apaches. Podr\u00eda ser alguno de esos arrieros mestizos que se mov\u00edan entre ambos mundos por dinero, o tal vez un pe\u00f3n de rancho con lengua suelta en el pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Quien fuera, hab\u00eda contado lo que no deb\u00eda. Era ya avanzada la tarde cuando vio una nube de polvo por el sendero del oeste. Eli estaba en el techo parchando una teja y lo detect\u00f3. Primero baj\u00f3 r\u00e1pido llamando hacia el corral donde Mavia entraba a los caballos. Adentro ya orden\u00f3. Ella no replic\u00f3 y Agona se uni\u00f3 cerrando la puerta atr\u00e1s de s\u00ed. Eran los mismos dos jinetes, pero esta vez sin fingir cortes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>No redujeron el paso hasta estar casi en el porche y el m\u00e1s joven se desmont\u00f3 antes de que su caballo se detuviera del todo. \u201cPensamos regresar para esa visita amistosa\u201d, dijo con una sonrisa que no ten\u00eda nada de amistosa. Su mano descansaba cerca de la culata del rev\u00f3lver en la cadera.<\/p>\n\n\n\n<p>Eli y dio un paso al frente, coloc\u00e1ndose entre ellos y la puerta. Ya les dije antes, aqu\u00ed no hay nada para ustedes. El mayor se mantuvo montado con los ojos claros fijos en la casa. Escuchamos otra cosa. Dicen que esas dos vienen de la chosa del jefe. Eso las hace valiosas para cierta gente. Podr\u00edamos llevarlas con alguien que pague bien. El\u00ed apret\u00f3 la mand\u00edbula, pero mantuvo el tono firme.<\/p>\n\n\n\n<p>Van a subir a sus caballos y se van. No van a volver. El joven solt\u00f3 una carcajada. \u00bfCrees que puedes quedarte con las dos? No puedes vigilar a dos mujeres todo el d\u00eda. Tarde o temprano, una estar\u00e1 sola. Eli se acerc\u00f3 lo suficiente para que el hombre tuviera que retroceder un paso.<\/p>\n\n\n\n<p>Int\u00e9ntalo y no ver\u00e1s otro amanecer, advirti\u00f3 con un tono que no dejaba lugar a dudas. Desde dentro un crujido del piso revel\u00f3 que las mujeres observaban por la peque\u00f1a ventana junto a la puerta. \u201cNo vamos a irnos con ustedes\u201d, dijo Mavia, su voz clara y firme a trav\u00e9s de la madera. Si cruzan este porche, lo van a lamentar.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ojos del mayor se movieron hacia el sonido, evalu\u00e1ndola como quien mide sus posibilidades, pero algo en la postura de Eli y sus hombros cuadrados, la mirada fija y el Winchester descansando en su mano derecha lo hizo desistir. Chassque\u00f3 la lengua y gir\u00f3 su caballo. \u201cV\u00e1monos\u201d, orden\u00f3 al joven. Se alejaron sin decir m\u00e1s, pero Ili sab\u00eda que esto no hab\u00eda terminado.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el polvo se disip\u00f3, entr\u00f3 a la casa. Aona estaba junto a la ventana, la trenza suelta sobre el hombro, los ojos agudos pero tranquilos. Mavia a\u00fan ten\u00eda el cuchillo en la mano. No pueden quedarse aqu\u00ed solas. Si tengo que ir al pueblo dijo El\u00ed. No, ahora. Aona lo mir\u00f3 de frente. Entonces vamos contigo. Hemos viajado m\u00e1s lejos que eso antes. Eli lo pens\u00f3 largo rato.<\/p>\n\n\n\n<p>No le gustaba la idea de llevarlas al pueblo donde las habladur\u00edas corr\u00edan m\u00e1s r\u00e1pido, pero dejarlas aqu\u00ed con esos hombres rondando era peor. De acuerdo, acept\u00f3 al fin. Iremos juntos, compramos lo que necesitamos y regresamos r\u00e1pido. Esa noche, durante la cena de estofado y pan de ma\u00edz, trazaron el plan qu\u00e9 comprar, c\u00f3mo viajar y qu\u00e9 hacer si esos jinetes o alguien relacionado con ellos aparec\u00eda en el pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>No fue una charla c\u00f3moda, pero era necesaria. Antes de irse a dormir, Eli desmont\u00f3 el Winchester sobre la mesa, limpi\u00f3 cada pieza y lo volvi\u00f3 a armar con calma, cuidando cada movimiento. Ninguna de las dos dijo nada, pero lo observaron hasta que el rifle qued\u00f3 al alcance de su mano. Los tres sab\u00edan bien lo que eso significaba. Desde ese momento, cada d\u00eda se vivir\u00eda en alerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Parteron antes del amanecer, un d\u00eda y medio de camino al pueblo, justo antes de que el calor del desierto volviera el aire pesado y lento, encill\u00f3 el alz\u00e1n para \u00e9l. Le dio a Agillona, la yegua m\u00e1s baja de cruz y mont\u00f3 a Mavia, en su otro caballo, un animal tranquilo que no se asustaba entre la gente.<\/p>\n\n\n\n<p>Ninguna llevaba m\u00e1s que cantimploras y una bolsa peque\u00f1a. Eli no quer\u00eda ojos curiosos por exceso de equipaje. El Winchester colgaba a su espalda y el rev\u00f3lver en la cadera. El camino hacia el pueblo estaba callado, solo el golpeteo de cascos y el crujir del cuero. En la cabeza de Eli segu\u00edan las preguntas que no hab\u00eda resuelto desde la muerte del jefe.<\/p>\n\n\n\n<p>Ellas hab\u00edan dicho que nadie de su gente vendr\u00eda a buscarlas, pero no aclararon cu\u00e1ntos hab\u00edan los enemigos del jefe, ni hasta d\u00f3nde podr\u00eda haberse corrido la voz fuera del territorio Apache. Si aquellos jinetes hablaban de pago, alguien les hab\u00eda contado exactamente qu\u00e9 buscaban. Eso significaba que hab\u00eda una cadena de rumores y en el pueblo esas cadenas se alargaban.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegaron cuando apenas se abr\u00edan las primeras puertas. Eli las gui\u00f3 por la calle principal, manteni\u00e9ndolas cerca. Los ojos tranquilos de Agillona revisaban cada entrada. Mavia m\u00e1s abiertamente cauta, manten\u00eda los hombros firmes y la mano cerca del cuchillo, a\u00fan con la gente mirando. Las miradas no tardaron dos mujeres apaches junto a un hombre blanco no pasaban desapercibidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunas eran de curiosidad, otras del tipo que Eli reconoc\u00eda como problema. La primera parada fue en la tienda general. La lista fue corta, harina, caf\u00e9, aceite para l\u00e1mparas, tocinos salado y algo de abarrotes secos. Mientras el tendero buscaba las cosas, Ela not\u00f3 a un hombre apoyado en el poste afuera, brazos cruzados observando por la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>No era de los jinetes anteriores, pero su mirada era igual de fija e insistente. Cuando salieron con las provisiones, el hombre no se movi\u00f3. Eli lo mir\u00f3 lo suficiente para enviarle un mensaje. Lo hab\u00eda visto y no olvidar\u00eda su cara. Cargaron las cosas en la mula y siguieron a la herrer\u00eda. Eli necesitaba clavos alambre y una bisagra nueva para la puerta del granero.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras hablaba con el herrero Ajillona, se qued\u00f3 a un lado la luz del sol iluminando el trabajo de cuentas en su vestido. Un muchacho de unos 12 a\u00f1os se le acerc\u00f3 ojos muy abiertos. \u201cDe verdad eres del campamento, Apache\u201d, pregunt\u00f3. La respuesta de Agillona fue breve y suave. S\u00ed. El ni\u00f1o parec\u00eda listo para preguntar m\u00e1s, pero una mujer posiblemente su madre lo llam\u00f3 bruscamente. Eli sinti\u00f3 un cambio en el ambiente al llegar al final de la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos hombres montados estaban cerca de la cantina y los reconoci\u00f3 al instante, el de ojos claros y su joven compa\u00f1ero. A\u00fan no los hab\u00edan visto, pero era cuesti\u00f3n de tiempo. Eli no baj\u00f3 el paso. Nos vamos, murmur\u00f3. Tomaron el camino hacia el este, pero el m\u00e1s joven los vio antes de salir.<\/p>\n\n\n\n<p>Sonri\u00f3 ampliamente y dijo algo a su socio. El mayor lo sigui\u00f3 con la mirada hasta la salida del pueblo. No lo sigui\u00f3, al menos no todav\u00eda, pero Eli sab\u00eda que el regreso no ser\u00eda tranquilo. Mantuvieron un ritmo parejo y atento al m\u00e1s m\u00ednimo sonido de persecuci\u00f3n. A unas millas, Ajillona pregunt\u00f3. \u00bfVendr\u00e1n? S\u00ed, contest\u00f3 \u00e9l y sin rodeos. Tal vez no hoy, pero ya saben d\u00f3nde estamos y decidir\u00e1n cu\u00e1nto lo quieren.<\/p>\n\n\n\n<p>Mavia lo mir\u00f3 de reojo. Entonces, hagamos que no valga la pena. Cuando el rancho apareci\u00f3 a la vista, el sol estaba alto y abrasador, pero el aire ah\u00ed se sent\u00eda distinto. Eli descarg\u00f3 las provisiones en la cocina y puso el rifle sobre la mesa. De aqu\u00ed en adelante trabajamos como si al alien viniera dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>La cerca firme, los caballos listos. La comida debe poder moverse r\u00e1pido si hace falta. Aona y Mavia asintieron sin dudar. No preguntaron si era necesario, ya lo sab\u00edan. Esa noche cenaron a la luz de l\u00e1mparas con las ventanas cubiertas, todos conscientes de la misma verdad no dicha. La calma que hab\u00edan tenido se hab\u00eda ido reemplazada por una espera que desgastaba tanto la mente como el cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los tres d\u00edas siguientes trabajaron como si el rancho fuera un peque\u00f1o fuerte. El\u00ed revis\u00f3 cada cerca, cambi\u00f3 tablas flojas del porche y asegur\u00f3 bien las puertas del granero. Aona almacen\u00f3 frijoles secos harina y tocino salado en cajas listas para mover. Mavia engras\u00f3 las bisagras de todas las puertas diciendo que no quer\u00eda o\u00edr un chirrido si deb\u00edan salir de noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Dorm\u00edan m\u00e1s liviano. Nadie lo dijo, pero todos despertaban con el m\u00ednimo ruido afuera. Eli sab\u00eda que lo peor era la espera. Los hombres del pueblo vendr\u00edan ya fuera por las mujeres por dinero o solo para demostrar que pod\u00edan. Lo que no sab\u00eda era cu\u00e1ntos ser\u00edan, ni si intentar\u00edan hablar primero o ir\u00edan directo a la fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya hab\u00eda vivido suficientes problemas para entender que un hombre que amenaza dos veces har\u00e1 que la tercera cuente. Al final de la cuarta tarde se escuch\u00f3 tres juegos de cascos, no dos. Eli estaba en el patio partiendo le\u00f1a. Dej\u00f3 el hacha despacio con la vista fija en la loma del oeste. Ah\u00ed estaban el de ojos claros y su compa\u00f1ero joven con un tercero detr\u00e1s de hombros anchos y llevando un abrigo negro a pesar del calor.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta vez no se molestaron en abrir la verja. Entraron directo al patio. Aona apareci\u00f3 en la puerta la trenza sobre un hombro y la mirada fija en ellos. Mavia sali\u00f3 al porche con el cuchillo al cinto, el cuerpo girado para tener a la vista tanto a los hombres como a Eli. El de ojos claros habl\u00f3 primero. Has tenido tiempo de pensarlo, Cotter.<\/p>\n\n\n\n<p>Venimos por ellas. No hay por qu\u00e9 hacerlo m\u00e1s dif\u00edcil de lo necesario. I no se movi\u00f3. No se ir\u00e1n con ustedes. El del abrigo negro evalu\u00f3 la casa el granero y el corral. No puedes sostener esto para siempre\u201d, dijo con voz baja y firme. \u201cEn cuanto vayas al pueblo por provisiones, se quedar\u00e1n solas. O tal vez esperemos a que duermas ligero y entremos por atr\u00e1s.\u201d La voz de Mavia cort\u00f3 el aire.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cInt\u00e9ntenlo y ver\u00e1n qu\u00e9 tan listas estamos.\u201d El joven se ri\u00f3, pero en sus ojos pas\u00f3 una chispa de duda. Hab\u00eda visto en la postura de Mavia y en la calma de Aona, que no era solo Brabuonada. \u00c9 y dio un paso lento hacia delante la mano sobre el Winchester. Ya se les advirti\u00f3 dos veces. La tercera lo termina y no les va a gustar c\u00f3mo.<\/p>\n\n\n\n<p>La sonrisa del de ojos claros se borr\u00f3. Mir\u00f3 al del abrigo que asinti\u00f3 apenas. Sin decir m\u00e1s, giraron los caballos y se alejaron. Pero el joven escupi\u00f3 en la tierra cerca del porche antes de irse. Eli se mantuvo inm\u00f3vil hasta que desaparecieron escuchando el galope perderse. Luego se volvi\u00f3 hacia las mujeres. Regresar\u00e1n y la pr\u00f3xima vez no se ir\u00e1n sin intentar algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Agona hizo la pregunta que llevaba pensando, pero no hab\u00eda resuelto. \u00bfPor qu\u00e9 nosotras podr\u00edan llevarse a cualquier mujer del pueblo sin tanto problema? por el lugar de donde vienen, porque alguien les dijo qui\u00e9nes son y por qu\u00e9 hombres as\u00ed desean lo que les dicen que no pueden tener, respondi\u00f3 Eli. La respuesta cay\u00f3 sobre ellas en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche el rifle qued\u00f3 sobre la mesa las l\u00e1mparas bajas y los tres turn\u00e1ndose en la ventana vigilando el llano. No hubo ataque, solo el viento, pero sab\u00edan que la calma no durar\u00eda. La pr\u00f3xima vez la decisi\u00f3n entre hablar o pelear ya estar\u00eda tomada. Pas\u00f3 dos noches despu\u00e9s, apenas pasada la medianoche.<\/p>\n\n\n\n<p>El viento hab\u00eda cesado dejando la tierra tan quieta que cada crujido de la casa sonaba m\u00e1s fuerte. El hac\u00eda la \u00faltima guardia junto a la ventana, el Winchester, sobre las rodillas, cuando vio un destello junto al corral, un brillo de metal al reflejo de la luna. Permaneci\u00f3 inm\u00f3vil dejando que sus ojos se acostumbraran.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces lo distingui\u00f3 la silueta de un hombre agachado junto a la cerca, seguido de otras dos sombras. No dijo nada. Camin\u00f3 hacia la habitaci\u00f3n del fondo donde Mavia dorm\u00eda con las botas puestas y el cuchillo bajo la almohada. Le toc\u00f3 el hombro y se\u00f1al\u00f3 al frente. Ella ella estuvo lista en segundos sin preguntar. Despert\u00f3 a Jona que dorm\u00eda en el cuarto peque\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>La trenza suelta por el sue\u00f1o, pero los ojos alert en cuanto entendi\u00f3 lo que pasaba. Tomaron sus puestos en silencio Mavia junto a la puerta trasera Cuchillo en mano. Aona en la ventana lateral con la escopeta vieja que hab\u00eda aceitado la semana anterior. El\u00ed en la parte delantera, el Winchester apoyado en el Alfizar escuchaba el crujir leve de botas m\u00e1s cerca y el chirrido suave de cuero de silla. Uno de ellos sujetaba caballos cerca.<\/p>\n\n\n\n<p>Una sombra se movi\u00f3 hacia el porche. Eli esper\u00f3 a que la primera bota pisara el escal\u00f3n para hablar. Das un paso m\u00e1s y ser\u00e1 el \u00faltimo. El de ojos claros se qued\u00f3 inm\u00f3vil, pero el del abrigo negro avanz\u00f3 mano hacia el rev\u00f3lver. El disparo de Eli fue r\u00e1pido, astillando el poste a cent\u00edmetros de su brazo.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre se ech\u00f3 atr\u00e1s maldiciendo y por un instante solo hubo un silencio tenso. Luego el joven intent\u00f3 rodear por atr\u00e1s. Mavia estaba lista, abri\u00f3 la puerta de golpe contra \u00e9l, estamp\u00e1ndolo contra la pared y le puso el cuchillo al cuello. Ni un paso m\u00e1s, dijo con voz baja, pero firme.<\/p>\n\n\n\n<p>En la ventana lateral A Jona apunt\u00f3 la escopeta al hombre que sosten\u00eda los caballos. Suelta las riendas, orden\u00f3 Serena, pero con una seguridad que lo congel\u00f3. Al mov\u00e9rselo bastante r\u00e1pido, amartill\u00f3 el arma y el sonido cort\u00f3 la noche como campana de alarma. Eli sali\u00f3 al porche rifle en alto. Vinieron creyendo que este lugar estaba sin defensa. Se equivocaron. No habr\u00e1 otra oportunidad. Su voz no se alz\u00f3, pero no hab\u00eda forma de confundir la firmeza en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>El de ojos claros mir\u00f3 de \u00e9l y a Mavia y luego a Jona para volver de nuevo a \u00e9l. entendi\u00f3 perfectamente lo que ten\u00eda enfrente. Tres personas que no tem\u00edan actuar movi\u00f3 la barbilla en direcci\u00f3n al hombre que sujetaba los caballos. V\u00e1monos orden\u00f3 Mavia. Se apart\u00f3 lo justo para que el joven pudiera pasar sin dejar de mostrar el cuchillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aona baj\u00f3 la escopeta solo cuando los caballos giraron hacia el sendero. En menos de un minuto se perd\u00edan en la oscuridad. Sus siluetas se tragaron entre las lomas bajas. El no se relaj\u00f3 hasta que el sonido de los cascos se desvaneci\u00f3. Luego mir\u00f3 a las dos mujeres. Es la \u00faltima vez que vienen aqu\u00ed por su propia voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p>Si los volvemos a ver, ser\u00e1 en nuestros t\u00e9rminos. Agona dej\u00f3 la escopeta sobre la mesa. No olvidar\u00e1n esta noche, dijo en voz baja. No necesitan hacerlo replic\u00f3 Eli. Ya les dejamos claro el mensaje. Antes de regresar a dormir, revisaron de nuevo cada puerta y ventana. Ya era una costumbre, casi un reflejo.<\/p>\n\n\n\n<p>El rancho volvi\u00f3 a quedar en silencio, pero era un silencio distinto. No era esa calma tensa de espera. Esa noche hab\u00edan quitado la decisi\u00f3n de manos del enemigo y los tres lo sab\u00edan. A la ma\u00f1ana siguiente del enfrentamiento, el patio del rancho estaba tranquilo, salvo por el viento que soplaba entre los mezquites. El sali\u00f3 al porche con su taza de caf\u00e9, escaneando las crestas por costumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda rastro de los tres hombres, ni polvo en el aire, ni movimiento en la distancia, pero no confund\u00eda la quietud con seguridad. En estas tierras el peligro siempre encontraba la forma de volver, a menos que te aseguraras de que no pudiera. Durante el desayuno repasaron lo ocurrido la noche anterior, completando detalles.<\/p>\n\n\n\n<p>Agona cont\u00f3 c\u00f3mo hab\u00eda visto al hombre de los caballos inquieto en la silla como listo para soltarlos e ir en ayuda de los otros. Mavia record\u00f3 como el joven se tens\u00f3 cuando sinti\u00f3 el cuchillo en su garganta y supo que solo se ech\u00f3 atr\u00e1s porque entendi\u00f3 que ella estaba dispuesta a acabar con \u00e9l si no lo hac\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l explic\u00f3 lo que antes no hab\u00eda dicho que hombres as\u00ed rara vez actuaban solos por mucho tiempo. Si regresaban, pod\u00eda ser con m\u00e1s de tres. Antes del mediod\u00eda decidieron que la mejor forma de acabarlo era ir al pueblo y dejar la advertencia en p\u00fablico, no para pedir ayuda. El no ten\u00eda intenci\u00f3n de eso, sino para dejar claro frente a testigos que cualquiera que se acercara al rancho Cotter con malas intenciones no volver\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El trayecto al pueblo fue constante y silencioso. Los tres sab\u00edan que se trataba tanto de hacerse ver como de conseguir provisiones. Al llegar, Rily entr\u00f3 directo a la cantina con Mavia y Ajillona detr\u00e1s. Los tres hombres, el de ojos claros y sus dos compa\u00f1eros estaban en una mesa del rinc\u00f3n. La sala qued\u00f3 en silencio. Eli y se detuvo a pocos pasos. Su voz fue pareja, pero lo bastante alta para que todos escucharan.<\/p>\n\n\n\n<p>Te metiste en mis tierras de noche, amenazaste a mi gente. Eso termina hoy. Si vuelves a poner una bota donde alcance a ver mi cerca, te enterrar\u00e1n en la misma tierra que cruzaste para llegar aqu\u00ed. El de ojos claros no contest\u00f3 de inmediato. Mir\u00f3 a Ela y luego a las mujeres firmes a su lado y despu\u00e9s a los rostros que los observaban. No ten\u00eda una salida favorable.<\/p>\n\n\n\n<p>Lentamente empuj\u00f3 la silla hacia atr\u00e1s y se puso de pie. Se acab\u00f3\u201d, dijo con voz plana. \u201cNo vale la pena.\u201d Salieron sin volverse a mirar. El no se relaj\u00f3 hasta verlos cabalgar en direcci\u00f3n opuesta al rancho. Si se iban por miedo o por orgullo, no importaba. Lo que contaba era que se hab\u00edan ido y con medio sal\u00f3n como testigo, la noticia correr\u00eda lo suficiente como para que otros lo pensaran dos veces.<\/p>\n\n\n\n<p>Recogieron lo que faltaba de las provisiones y regresaron bajo un cielo amplio y despejado. El aire se sent\u00eda distinto, m\u00e1s ligero sin el peso constante de la espera. Descargaron lo comprado y siguieron con las labores sin estar revisando por encima del hombro a cada momento. Esa tarde, mientras el sol bajaba y alargaba las sombras, cenaron en el porche. Aona coloc\u00f3 sobre la mesa un peque\u00f1o collar de cuentas pulidas.<\/p>\n\n\n\n<p>un amuleto que el jefe hab\u00eda tenido siempre junto a su cama y dijo en voz baja, \u201cConfiaba en ti por una raz\u00f3n y ahora nos quedamos porque as\u00ed lo decidimos\u201d, a\u00f1adi\u00f3 Mavia. Eli las mir\u00f3 un buen rato antes de responder. Entonces, ya no se trata solo de mantener el lugar en pie. Ahora estamos construyendo algo. Era la pura verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>El rancho ya no era solo suyo, era de ellos. Las cercas a\u00fan necesitar\u00edan reparaciones. La bomba seguir\u00eda chirriando de vez en cuando y las tormentas volver\u00edan desde el oeste. Pero esas eran peleas que val\u00eda la pena enfrentar, de las que se encaran juntos. Cuando encendieron las l\u00e1mparas esa noche y cerraron las ventanas contra el aire fr\u00edo, no hab\u00eda tensi\u00f3n en el silencio, solo la calma de un hogar reclamado, cuidado y defendido.<\/p>\n\n\n\n<p>Afuera la noche se mantuvo quieta y por primera vez en semanas Eli supo que el peligro hab\u00eda pasado. hab\u00edan hecho su frente y este hab\u00eda resistido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>El ranchero hered\u00f3 a las dos bellas esposas del jefe apache moribundo \u2014Y ocurri\u00f3 algo inesperado\u2026 PauseNextMute Current Time&nbsp;0:13 \/ Duration&nbsp;3:21Fullscreen Vaquero hereda al moribundo <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/?p=7446\" title=\"El ranchero hered\u00f3 a las dos bellas esposas del jefe apache moribundo \u2014Y ocurri\u00f3 algo inesperado\u2026\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":3,"featured_media":7447,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-7446","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorised"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7446","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=7446"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7446\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7448,"href":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7446\/revisions\/7448"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/7447"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=7446"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=7446"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tiempo.amazingstory.blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=7446"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}