En el avión, el tipo que estaba sentado detrás de mí de repente puso su pie sucio justo en mi reposabrazos, y tuve que darle una lección de modales.

En el avión, el tipo sentado detrás de mí de repente puso su pie sucio justo en mi reposabrazos, ¡y tuve que darle una lección de modales! 😲😢

El avión acababa de alcanzar la altitud de crucero. Estaba acomodada junto a la ventana, con los auriculares puestos y mi libro abierto. Todo era tranquilo hasta que algo frío y desagradable tocó mi reposabrazos.

Me giré lentamente y me quedé paralizada. Sobre mi reposabrazos había un pie sucio con lo que antes era un calcetín blanco, ahora gris y gastado.—¡Oye! —exclamé indignada—. ¿¡Qué demonios es esto!?

El tipo de atrás ni siquiera se molestó en mover el pie. Sin apartar la vista de la revista, dijo con desgana:

—Tranquila, cariño. Es que aquí hay un poco de espacio.

—¿Estrecho? ¡Eso no justifica que metas los pies donde te dé la gana! —le espeté, sintiendo cómo me subía la rabia.

Finalmente me miró, sonrió con sorna y dijo sin mover el pie:

—Si no te gusta, vete a clase business. Dicen que hay más sitio.

Algunos pasajeros giraron la cabeza. Sentí que me ardía la cara.

—¿Quieres que te traiga una almohada también? ¿O que te haga la pedicura?

Resopló.

—Eres demasiado quisquillosa. Relájate, no le hago daño a nadie.

—No, solo a mi reposabrazos… con tu calcetín —murmuré entre dientes—. Vaya comienzo de vuelo.Respiré hondo y decidí no armar un escándalo. En cambio, se me ocurrió darle una lección de modales que jamás olvidaría 🤔🫣 Continúa en el primer comentario 👇👇

Le pedí a la azafata un té: caliente, solo, sin azúcar.

Unos minutos después, la taza estaba en mi bandeja. De nuevo, sentí su talón rozando mi codo.

Me giré lentamente, sonreí y dije en voz baja:

—Sabes, tenías razón… deberíamos relajarnos.

Entonces, como por accidente, derramé la taza de té caliente justo sobre su pie.

—¡Aaaah! ¿Estás loca? —gritó, retirando la pierna de golpe.

—Oh, lo siento mucho —dije con la expresión más inocente—. Es que está muy apretado aquí… ¿entiendes, verdad?

Los pasajeros intentaron disimular sus sonrisas. Incluso la azafata, al pasar, me guiñó un ojo discretamente.

Durante el resto del vuelo, el hombre permaneció sentado en silencio, con los pies cuidadosamente recogidos bajo el asiento.

Lección de modales aprendida.

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